Primavera en la canción del cuco - 05/03/2020
Opinión: nos diario

La cuarentena pandémica ha faltado a muchas de las actividades y preferencias que uno calcula realizar, terminando en suspenso. Es frustrante cuando algo vital como preparar un viaje para escuchar al cuco cuclillo, anula ese propósito. Quizás me parezca una idea surrealista, hacer un viaje de más de mil millas para escuchar las cucares de la onomatopeya sonora y lograda, donde incluso el silencio otorga una venerada licencia para que la canción del cuco se amplíe, anunciando la misteriosa primicia de primavera que el cuco trae consigo, cuando todavía respira el réquiem del invierno. Cuando alguien como yo que aspira a escuchar, anualmente, de manera cómplice y contemplativa, esa exultación retórica, por largos espacios nativos y de nuestra existencia, cuando el cuco se despierta al amanecer desde su improvisada morada en la cima de los pinos de Outeiro de Podente, donde tiene su escenario sonoro insuperable. La pandemia frustró mi viaje, como todos los años en marzo, para cuidar que el cuco siniestro anuncie, con su presencia, que el mundo en este momento aún no está llegando a su fin. Como dice nuestro dicho popular: "Entre marzo y abril, o el cuco o el final". Aunque este año no lo he visto ni escuchado, creo que ha llegado porque el mundo todavía está en su "verdor apretado", aunque con desconcierto y decadencia temeraria.

Adoro la rotundidad de ese cucar acentuado, tan nutrido por el panteísmo, que en su gorgoteo insistente no oculta sus agradables benevolencias con nuestro país. Por eso los gallegos tienen el cuco integrado en nuestra cultura y literatura; con diseño mítico en alabanzas, cuentos, sabiduría, proverbios y todo eso más que nunca. Cuán bien podría confirmarse, y no difundirse, en un rico volumen de los muchos dichos expresivos que en las diversas geografías gallegas aparecen en diferentes formatos alusivos a la identidad de la respiración del cuco y bien entretejidos por nuestra imaginación. Y luego esos pantalones y carpes, para proteger al cuco de la nieve y las heladas, ¿no es la fortuna fácil de la imaginación? En esta vocación de inventiva se sustenta la estima proverbial de que el cuco permanece en la leyenda de que nuestros ancestros nos legaron, con vocación de alabar los futuros regalos que la primavera anuncia la voz decisiva y muy vertical del cuco, encaramado en uno de esos "pinos verdes" (de las canciones de D. Dinis "de Portugal), donde el cuco tiene su escena de peregrinación, y su Las tercas inmersiones de ser misterioso, invisible y también astuto astuto para poner sus huevos en el nido de otra persona y dejar que otro pájaro críe su parentesco. Quizás mi generación es la última en cultivar esos testigos del heredero y las tradiciones de la variedad opulenta y la vocación de rescatar a ese pájaro tan hermoso que merece un escudo de armas atemporal particular. Pero la globalización nos envuelve de tal manera que hace que el pasado y las leyendas que lo nutren desaparezcan, como las leyendas ingeniosas, que, por ingenuos que parezcan,

A pesar de no poder escuchar el cuco en las cumbres de Podente, mi amigo y poeta de Chantadés, Paco Ledo, compensó parte del problema, calmando mis obsesiones y pasatiempos, enviándome un video bucólico de los verdes prados de su natal Mariz, con Esas vacas del país, bien cuidadas y tranquilas, y protegiendo la pradera un rico bosque impregnado de fervor primaveral. Y de sus distinguidas ramitas salían sonidos rítmicos del cuco, de su cucú emérito. Paco no golpeó la herradura, ni siquiera en el clavo de los sentimientos marcados por la ausencia. Un regalo invaluable, para moderar la nostalgia y conmemorar lo que consuela el panteísmo que nos asiste. Así escuché con fervor y solemnidad ese sonido abarrotado del cuco que deambula por los campos de Mariz, como el cuco que escucho en la Sexta Sinfonía de Beethoven, "La Pastoral".

En la literatura de los llamados países celtas: irlandés, escocés, galés, de Cornualles, bretón y gallego-portugués, nutrieron su literatura con la presencia del cuco en sus territorios. En esta vocación de preservar la agradable amabilidad de este honorable visitante que nos ofrece la primavera y construye su residencia en toda Europa, durante casi tres meses, dejando evidencia de ello, el poeta panteísta inglés William Wordsworth: “Bienvenido, favorito de la primavera. / Todavía eres para mí / No es un pájaro, sino un ser invisible / Una voz simple, un misterio ".

La presencia del cuco en la poesía gallega es numerosa y cualificada. En “María Cha” de Manuel María, encontramos esta canción folklórica divertida y generosa: “Por las mañanas muy temprano / el cuco canta:“ Cú-cú ... ”/ Como lo tengo como vecino / trato el cuco de usted! Verificamos la cercanía de Manuel con él, reclamando el cuco de la mañana y el portador de la primavera. Lo que sin duda ha escuchado tantas veces en el fervor matricial de los lugares de A Carballeira de Santa Isabel, en Outeiro de Rei, a las afueras del río Miño. En ese espacio natural, que impone benevolencias bucólicas.

En "Os Eidos" de Uxío Novoneyra, el cuco aparece en las llanuras y rígidos del Courel, con su voz poderosa y emancipadora en la emoción del eco real del poeta: "El cuco llena el valle con su canto". Pero aún en el énfasis: “CANTAN que el cuco se cierra y canta / de los castaños del valle. / El tiempo pasa y él no dice nada / y el cuco regresa a cucar ”. Una descripción exacta de la movilidad y los comportamientos de esta ave peregrina y emigrante. Un excelente seguimiento de las pautas del cuco invisible que Uxío supo capturar y presenciar.
Xosé Lois García,

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